El lazo que lleva al corazón de una mujer existe. El
problema es que ni ellas saben qué las enamora de un hombre. Nadie lo
sabe. Cuando amamos, intentamos llamar la atención del otro de cualquier
forma. Pero lo que nos puede llevar al corazón del otro es algo
insospechado, misterioso. El corazón es un órgano complejo, muy
sensible. El corazón tiene razones que la razón desconoce. El corazón es
muy poco previsible: lo que a unos enamora, a otros los desenamora. De
pronto, sin buscarlo, sin saber por qué ni cómo, encontramos ese lazo de
plata que lleva al corazón de una mujer; ese lazo que ni ella misma
sabe cuál es.
Hay hombres que encuentran el lazo de plata apenas
conocen a su chica, y no la sueltan. Hay otros que nunca se enteran que
llegaron al corazón de una chica, y la dejan ir. Y cuando un hombre
llegó al corazón de una mujer, ella hará cualquier cosa por retenerlo.
Otras, en cambio, persisten en tener un corazón sin dueño. Cuando el
amor naufraga, uno se agarra de lo primero que encuentra para salir a
flote, aunque hundas a otros. Pero el camino
hacia el corazón de alguien no siempre es un camino ida y vuelta.
¿Pero
qué es ese lazo de plata que lleva al corazón de las personas? ¿Por qué
a algunos les basta sólo con verse una vez para llegar al corazón del
otro? ¿Por qué para algunos funciona el amor a primera vista, y otros
nunca lo ven? No hay claves ni estrategias que valgan, porque ese lazo
que lleva al corazón del ser amado es un misterio. Nadie puede explicar
por qué ama, ni por qué es amado. Algunos aman porque son amados. Otros
son amados porque aman. Hay corazones caprichosos, competitivos. Y hay
corazones precavidos, reacios a dejarse amar por miedo a ser lastimados.
Ese miedo no siempre es zonzo; no deberíamos dejar que cualquiera
llegue a nuestro corazón. Una vez que alguien encuentra el lazo de plata
y llega a nuestro corazón... es para siempre.
